Argentina y Argelia abren su camino en el Mundial FIFA en un partido programado para el 17 de junio de 2026, 01:00 UTC. La Albiceleste es favorita, claro: discutirlo sería como discutir si Messi ve pases donde otros vemos tráfico de lunes por la mañana. Pero una cosa es ser superior y otra muy distinta es pedirle al partido una goleada cómoda, con moño y papel de regalo.
El matiz importa. Argentina debería mandar con pelota, juntar a De Paul, Enzo Fernández, Mac Allister y Almada para cocinar por dentro, y encontrar a Messi y Lautaro Martínez cerca del área. Scaloni no parece estar pensando en experimentos de laboratorio: Dibu Martínez apunta a ser titular, Messi está disponible y el once se parece bastante al equipo serio de las grandes noches.
Ahora bien, el perfil no es perfecto para pasar la apisonadora. Tagliafico está fuera y eso obliga a una solución de emergencia en el lateral izquierdo, con Facundo Medina o Lisandro Martínez adaptados a una zona que puede exigir muchas carreras, vigilancia y lectura en transición. No es que Argentina vaya con cinta adhesiva en la defensa, pero sí con un pequeño cartel de “recién pintado” en una banda sensible.
Argelia no viene a abrir la puerta
La clave de la apuesta está en el plan argelino. Petkovic ha dejado claro que tiene alternativas y que su equipo no llega para hacer turismo mundialista. La idea más lógica es un bloque bajo o medio, probablemente con línea de tres centrales o cinco defensores sin balón, mucho orden y salida rápida cuando aparezcan Mahrez, Gouiri, Amoura o los mediapuntas entre líneas.
Con Bensebaïni disponible, Argelia gana un organizador defensivo de peso. Ese detalle no es decorativo: ante un rival que te empuja hacia tu área, tener una voz que acomode la última línea vale casi tanto como un paraguas en tormenta. Mandi también ha insistido en la importancia de defender de manera colectiva, y ese discurso encaja con un debut donde el punto emocional cuenta tanto como la pizarra.
Además, Argelia llega con confianza. Viene de una preparación positiva, incluido un triunfo de mucho ruido ante Países Bajos y una victoria amplia frente a Bolivia. Es verdad que contra los neerlandeses sufrió y necesitó un gran rendimiento de Luca Zidane, pero precisamente eso refuerza el argumento: este equipo ya ha mostrado que puede vivir tramos largos cerca de su portero sin descomponerse como flan al sol.
El debut suele pedir cabeza fría
El contexto de primera jornada también empuja hacia un partido menos salvaje de lo que sugiere la diferencia de cartel. Argentina quiere ganar para ordenar el grupo, pero no necesita convertir el estreno en una exhibición de fuegos artificiales. Scaloni ya sabe, por experiencia propia, que un Mundial se juega con la cabeza fría; la ansiedad es muy mala consejera y suele cobrar comisión.
Para Argelia, en cambio, una derrota corta no sería un desastre competitivo, mientras que un golpe fuerte en la diferencia de goles sí puede condicionar el camino ante Austria y Jordania. Por eso cuesta imaginar a Petkovic aceptando un intercambio abierto desde temprano. Si el partido se atasca durante el primer tramo, el reloj empezará a jugar para el lado del equipo que defiende el margen.
La casa parece haber llevado el favoritismo argentino un paso demasiado lejos. Argentina puede ganar, incluso debería tener las mejores ocasiones, pero pedirle margen amplio ante un rival motivado, compacto y con recursos para correr los espacios es comprar el póster sin mirar la letra pequeña. Y la letra pequeña dice lateral izquierdo retocado, Julián Álvarez quizá más útil desde el banco y un rival que no va a poner alfombra roja hasta el área.
El guion que más me convence es el de Argentina controlando, Argelia resistiendo y el partido dependiendo mucho del primer gol. Si la Albiceleste golpea pronto, todo cambia; si no, la noche puede volverse espesa, de esas en las que cada despeje parece tener abogado defensor. En ese terreno, el margen a favor de Argelia tiene más sentido que perseguir una sorpresa exacta.




