¡Se encienden los focos del Mundial y ya tenemos a las casas de apuestas subidas a la moto del favoritismo ciego! Miran las cuotas de este estreno y parece que Bélgica va a jugar contra un equipo amateur. ¿El motivo? Se han dejado encandilar por esas recientes palizas intrascendentes que le metieron a una débil Túnez y a la modesta Liechtenstein. Pero señores, esto es un debut en la fase de grupos en un escenario gigante, los nervios pesan en las piernas y la realidad táctica es diametralmente opuesta. El mercado huele a goleada y asume una superioridad brillante, pero la pizarra nos grita a los cuatro vientos que estamos cayendo en una trampa de manual.
El espejismo belga y la ausencia del gran tanque
La línea actual del mercado da por sentado que veremos a esa máquina arrolladora y vertical que no deja títere con cabeza. Sin embargo, en su ceguera impulsiva, se les ha escapado un detalle que cambia todo el ecosistema del partido: Romelu Lukaku no está listo para el enorme desgaste de los primeros minutos y arrancará sentado en el banquillo. ¡Poca broma con esto! Sin su imponente presencia física fijando a los centrales y cazando balones al espacio, esta talentosa pero ligera selección corre el tremendo riesgo de chocar una y otra vez contra un embudo en la frontal del área.
Arriba tendrán mucho toque y una magia indudable gracias a Kevin De Bruyne o Jeremy Doku, pero les faltará ese martillo letal para derribar el muro en la zona de castigo. Además, en la retaguardia belga no son precisamente de piedra. La dolorosa e importante baja de Zeno Debast obligará a su técnico a improvisar la pareja en el eje de la zaga, generando unas grietas monumentales en las coberturas cuando la posesión cambie de dueño.
Veneno puro al contragolpe y hormigón armado
Porque del otro lado no nos vamos a encontrar a un rival asustado y metido debajo de la cama. ¡Acá hay oficio! Egipto es un bloque áspero, intensamente ruidoso táctico, maduro y solidario, que sabe achicar espacios a la perfección. Ya demostraron su tremenda resiliencia secando a la mismísima selección de España en un rocoso empate a cero, y compitieron sacando los dientes en una más que digna derrota por la mínima frente a Brasil. Conocen de memoria el guion de sufrir ante un gigante para mantener el partido cerrado.
Y mucho cuidado, porque mientras los europeos mastican la bola sin un rematador puro en el verde, la verdadera descarga de adrenalina africana estará latiendo al acecho. Mohamed Salah sale de inicio, y junto al ritmo furioso de Omar Marmoush y la frescura de Ziko, configuran una amenaza absoluta si el encuentro se abre. Si Bélgica se descuida o se desespera, Hossam Hassan no dudará en castigar con transiciones venenosas. Los belgas pueden rascar el triunfo por una genialidad divina y pura calidad individual, pero creer que van a borrar a Egipto del campo ganando cómodamente por dos goles de diferencia es vivir en el país de las maravillas. No va a suceder.




